domingo, 1 de mayo de 2016

No te vuelvas a sobrecargar

Vamos, vamos. Energía positiva, buenas ideas y motivación, mucha motivación. Pueden salir propósitos muy buenos si no te desvías del camino, si no dejas que palabras bonitas vuelvan a comerte la cabeza para al final hacer lo que otros dicen y dejar de lado tu rumbo. No lo hagas. Vas tomando confianza otra vez en ti mismo, aunque sea despacito, y gracias a esa confianza te impulsarás, y gracias a esos impulsos sentirás que eres capaz de hacer frente a todo, y que los problemas más gordos van a esfumarse de golpe, o al menos, se suavizarán mucho.

Si te dejas llevar por quien no debes tendrás de nuevo confusión y malos entendidos. Siempre quieres solucionar todo, pero hay cosas que no hay que solucionar, que no debes solucionar, simplemente dejar pasar, porque ya ni siquiera son problemas tuyos. Es más, si lo intentas solucionar al final acabarás con estados de ansiedad o preocupaciones que no te pertenecen. Aprovecha el inicio de mes y empiézalo con más fuerza que nunca, planea viajes con personas que realmente merecen la pena. Que sí, que estás inspirada y más interesada de lo habitual en hacer las cosas bien y con esa actitud que te sorprenderás de lo rápido que se hace todo, pero que no te líen, y cuando lo intenten hacer no exageres las cosas, frénate, y frena a los demás, cuando te juren que todo irá bien, cuando te regalen palabras bonitas, cuando te prometan más de lo que en realidad te pueden ofrecer.

No vuelvas a sobrecargar, comprueba, pon a prueba a los demás, nada de fiarse, nada de oportunidades que no merecen la pena. No te irrites, no te impacientes, déjalo pasar o simplemente vete. Busca el crecimiento y la evolución dentro de ti, el resto sobra, ya no tienes que ajustarte a los demás, que los demás, cuando quieran y cuanto tú los dejes, se ajusten a a ti. Estás en una fase muy top de tu vida, no lo desaproveches mirando hacia donde no debes mirar.

Reacciona

Reacciona, vamos, reacciona y mira la verdad a tu alrededor, mira que quizás no todo es tan bonito como te gustaría, date cuenta de que hay cosas que cambiar a tu alrededor y que si no las cambias tú, nadie lo hará. Eres nerviosa y puedes llegar a conclusiones rápidamente, pero a veces te pones una venda en los ojos y no ves a tu alrededor, o mejor dicho, no quieres ver algunas de las cosas que en realidad pasan.

Empieza a concentrarte en lo que realmente merece la pena, y hazlo de una vez. Empieza a centrarte en tu vida, en tus metas y en tus objetivos de una vez. Y no cambies el camino cada dos por tres, es sencillo. Ponte metas a corto plazo, metas que no te aburran y a por ellas. Necesitas estar entretenida para curar algunas heridas que aún sangran y te hacen daño, para no pensar demasiado, para liberarte. Sí, es cierto que estar entretenido no va a quitar el problema de tu mente, seguirá ahí, seguro, pero lo que harás será olvidarte de ello por momentos, dejar que tu mente descanse en paz aunque sólo sea un rato. Con lo que tú sabes de la vida y a veces pareces tan indefensa e ingenua...

A menudo piensas que todo puede arreglarse, que tomarás las decisiones adecuadas acercándote y dando segundas y terceras oportunidades, pero no escuchas a la razón, que en los momentos amargos es la única que es coherente. Aparta un poquito al corazón, aunque sea un poco. Que con el corazón se toman buenas decisiones también, pero cuando ambas partes piensan con lo mismo. Acuérdate de tus fallos y ríete. No te tortures ni te lamentes, aún puedes dar marcha atrás y empezar de nuevo, o mejor dicho, elegir un camino distinto y comenzar a andar en otra dirección. Sabes que te mereces cosas buenas porque tu corazón es noble, pero no vuelvas a quedarte en un lugar que no te hace feliz.

Trenza tu tristeza

Decía mi abuela que cuando una mujer se sintiera triste lo mejor que podía hacer era trenzarse el cabello; de esta manera el dolor quedaría atrapado entre los cabellos y no podría llegar hasta el resto del cuerpo; había que tener cuidado de que la tristeza no se metiera en los ojos pues los harìa llover, tampoco era bueno dejarla entrar en nuestros labios pues los obligaría a decir cosas que no eran ciertas,  que no se meta entre tus manos- me decía-  porque puedes tostar de más el café o dejar cruda la masa; y es que a la tristeza le gusta el sabor amargo. Cuando te sientas triste niña, trénzate el cabello; atrapa el dolor en la madeja y déjalo escapar  cuando el viento del norte pegue con fuerza.
Nuestro cabello es una red capaz de atraparlo todo, es fuerte como las raíces del ahuehuete y suave como la espuma del atole.
Que no te agarre desprevenida la melancolía mi niña,  aun si tienes el corazón roto o los huesos fríos por alguna ausencia. No la dejes meterse en ti con tu cabello suelto, porque fluirá en cascada  por los canales que la luna ha trazado entre tu cuerpo. Trenza tu tristeza, decía,  siempre trenza tu tristeza…
Y mañana que despiertes con el canto del gorrión la encontrarás pálida y desvanecida entre el telar de tu cabello.

Nunca olvides...

Que en esta vida todo se supera mientras se vive, que tus piernas por feas que te parezcan te han traído hasta aquí y que si no las tuvieras te parecerían las más bonitas del mundo, que si tu pelo no es como los de los anuncios de champú es porque le faltan focos y un peluquero que se debe de haber roto las muñecas con el secador para dejarlo como una superficie reflectante, piensa en que nada es tan importante, porque de verdad que no lo es. Tenemos mucha suerte y a diario se nos olvida.

Deja que te cuente...

Deja que te cuente que se puede estar sin anunciarlo, que a veces solamente hace falta un hombro y una caricia en el pelo, que no es necesaria una conversación, sino compartir un silencio. Que no hacen falta preguntas, que hay respuestas que brotan solas, o que no existen. Deja que te cuente que no se juzga, se apoya, que hay que saber distinguir ese "ven" que se grita sin palabras y que acudir no es una opción que se medita, sino que es un acto puro y sincero que sale de lo más profundo del alma.

sábado, 30 de abril de 2016

Me quedé con las ganas

Me he quedado toda la vida con las ganas, y ahora no sé qué hacer con ellas. Me quedé con las ganas de saber si besabas tan bien como quitabas el sueño, si tu boca sabía al final de la guerra. Me quedé con las ganas de quitarte la ropa y vestirte el cuerpo con las manos. Y nunca supe si el invierno no es tan cruel contigo a mi lado, pero sobre todo me quedé con las ganas de que me tuvieses ganas, de que despertases con miedo a no despertar conmigo. Me quedé con las ganas de comprobar si en el amor no siempre se muere, si hay vida después de decir "te quiero".

sábado, 9 de abril de 2016

Aprende a regalar tu ausencia a quien no valore tu presencia

¿Qué me pasa? Sinceramente…no lo sé. No sé por qué estoy así, no sé por qué me está pasando esto. Mi vida sigue igual que siempre, ¿no? No hay ningún cambio significativo, no me ha pasado nada en los últimos meses que haya podido desencadenar todo esto. Me preguntan: “¿Qué sientes? ¿Qué se te pasa por la cabeza?” Me paro, pienso…y mi respuesta, entre lágrimas, es “No lo sé”. “Venga, seguro que lo sabes”. De verdad que me encantaría saberlo, así sería todo mucho más fácil. Después de tantos y tantos años reprimiendo y ocultando mis sentimientos ya no sé ni lo que siento, no sé poner nombre a lo que siento y no soy capaz de desentrañar el misterio que hay en mi mente, el “monstruito” que me está haciendo caer en una oscuridad que creí que nunca volvería a ver. Tengo que contestar algo, y lo más fácil es “Estoy cansada”. Y en realidad lo estoy. Me he dado cuenta de que es cierto en el mismo momento en que las palabras salían de mi boca, y eso ha provocado que empiece a hablar sin control, al mismo tiempo que las lágrimas salen a borbotones de mis ojos. “Estoy cansada de luchar sola, estoy cansada de tener que estar siempre bien para que los demás estén bien, estoy cansada de tener que fingir siempre que mi vida es un camino de rosas, estoy cansada de tener que ocultar cómo estoy para no preocupar a la gente que me rodea, estoy cansada de anteponer los sentimientos de los demás a los míos, estoy cansada de dar y no recibir, estoy cansada de estar ahí para todos y que no haya nadie para mí cuando lo necesito, estoy cansada de intentar ser la mujer perfecta que todos necesitan para sentirse bien”. Ha sido una buena retahíla. Pero la cosa no queda ahí. “Me ahogo en esta jaula dorada en la que vivo, aunque para ser una jaula dorada he pasado por muchos momentos difíciles. Ha sido una jaula dorada un poco especial. Nunca me ha faltado de nada, he tenido todo lo que necesitaba y también he tenido algún pequeño capricho. No obstante, he pasado por muchas cosas, por muchas situaciones que nadie conoce. Cuando vives en una jaula dorada parece que no puedes estar mal, tienes todo y más. No puedes estar triste, no puedes tener un mal día, no puedes estar de bajón, no puedes sentirte sola, no puedes…hay muchas cosas que “no te puedes permitir”. La gente te dice que eres una desagradecida, una niñata, una caprichosa, una llorona, que eres débil, que eres una niña mimada, que no piensas en nadie más que en ti misma, que eres egoísta y ególatra. ¿Qué sabrán ellos lo que pasa en mi jaula?”. El problema es que cuando lo único que oyes es eso, llega un momento en que te lo acabas creyendo. Otra de las frases que más pueden llegar a doler, incluso si es dicha con buena intención es el famoso “Tú puedes con todo, puedes con esto y con mucho más”. Son palabras de aliento, de ánimo, pero hay veces que no necesitas oír eso. A veces oír eso lo único que hace es que te sientas mal contigo misma y que sigas adelante con todo el peso de lo que llevas encima. A veces no quiero palabras de ánimo, a veces sólo quiero que alguien me diga “Es hora de parar”, a veces sólo necesito una taza de chocolate caliente, un abrazo que dure minutos, una llamada telefónica sin palabras, que la gente que me quiere me diga que no hay monstruos debajo de la cama, que después de la noche viene el día, una tarde tapada completamente con una manta, un simple “estoy contigo”, una copa de vino…a veces sólo necesito un poco de comprensión. Quizás sea un tanto cínico por mi parte decir que nunca me lo han dicho, pues la verdad es que siempre hay alguien que te lo dice. El problema es que cuando estás metida en la espiral, en el bucle, no haces caso, ignoras todo lo que te dicen, no ves que estás mal y hasta te molesta que te digan la verdad, que te digan que no estás bien y que necesitas ayuda. “¿Yo, ayuda? ¿Has perdido la cabeza? Yo no necesito ayuda, yo soy la que ayuda, la que siempre está al pie del cañón. ¿Cómo te atreves ni siquiera a insinuar que no estoy bien?” Es en ese preciso momento cuando algo en tu mente se “rompe”. Sabes que tienen razón, pero no quieres que sea cierto. Te empeñas en seguir adelante, en ser esa roca a la que todos se aferran, esa boya en mitad del océano, te empeñas en no dejarte tirar, en luchar y luchar en solitario, que nadie se dé cuenta de que estás mal. Te empeñas en ocultar todo lo que está pasando, reprimes tus sentimientos y aprietas los puños, te muerdes los labios, masticas chicle a todas horas…cada uno tiene sus “recursos”. Finges que todo está bien, aunque por dentro estás hecha pedazos. Finges una sonrisa y tratas de solucionar todos los problemas de la gente que te rodea dejando los tuyos de lado, como si poniendo distancia se fuesen a solucionar solos. Finges una sonrisa, te maquillas más de lo habitual, te pones unos tacones y te sueltas el pelo en un burdo intento por engañar a la gente que te rodea e incluso a ti misma. Intentas ser diligente y eficiente, que nadie tenga nada que criticar porque entonces sabes que no podrás controlarte, se abrirá la caja de Pandora y al que esté cerca le salpicará. Arderá Troya, no podrás parar en muchísimo tiempo. Cuando la gente no te conoce prefiere esta versión de ti: trabajas más, ayudas más a los que te rodean, haces todo rozando la perfección. No hay nada que puedan criticar. Y así una se va metiendo más y más en el pozo, y lo único que ve es una interminable escalada para salir. Cuando esa escalada es demasiado grande te planteas si realmente merece la pena luchar por salir. Y es entonces cuando la gente que tienes alrededor se da cuenta de lo mal que estás, y es entonces cuando hace el primer intento de ayudarte, pero sin mucha convicción. Parece que no quieren complicarse la vida, y lo entiendo. Lo que no entiendo es por qué yo lo hago desde el primer momento en que veo que la gente necesita esa mano, ese toquecito en el hombro, esa taza de chocolate caliente, esa copa de vino, esa llamada telefónica sin palabras. Tal vez sea el momento de abrir los ojos, de empezar a ver las cosas desde otra perspectiva, de ver quién se merece realmente tu ayuda. En ocasiones lo mejor que podemos hacer, la mejor actitud que podemos tomar es la de protegernos de ese tipo de relaciones que acaban deteriorando y mermando nuestra autoestima y nuestra salud emocional. Quizás sea el momento de “aprender a regalar tu ausencia a quien no valora tu presencia”.