sábado, 18 de junio de 2016

Sé que no soy fácil de llevar, pero tampoco soy difícil

Sé que no soy fácil de llevar, lo tengo claro, pero si sólo pusieran un poquito de su parte, también reconozco que no son nada difícil, el problema es cuando no lo ponen. En fin... Yo necesito en mi vida a alguien tranquilo y, por supuesto, que no sea muy impulsivo, que no esté hoy aquí y mañana allí. Sí, puede ser divertido un día, esos cambios de humor pueden romper con la rutina de mi vida pero ¿todo el tiempo así? Por favor, mejor de lejos. No es que sea seria, que bueno, un poco sí, es que me gusta que todo esté claro, no es tan difícil ¿no? A veces no entiendo por qué me miran raro cuando digo que la seguridad es importante para mí, y cuando exijo que sean sinceros conmigo. Necesito a personas capaces de comprometerse, pero no sólo de boquilla, sino con hechos, y sí, que quieran encontrar un lugar en el mundo, conmigo, plantarse, y echar raíces. A veces no hace falta estar todo el día de aquí para allá buscando algo que no conozco cuando lo que tengo es lo mejor del mundo, ¿verdad?


Mi venganza

Cuando se me hace algo malo, que se prepare quien sea para no dormir a gusto durante un tiempo. Mi venganza es de las más temidas. ¿Sabéis por qué? Por mi inteligencia, virtud que pondré al servicio del tipo de venganza, de cuándo ejercerla, de cómo jugar con el factor sorpresa, y ¡tachán! de que no me pillen nunca. 

Mi venganza es peligrosa. Sí. Todo lo peligroso que puede ser algo que ha sido organizado con una de las mentes más brillantes que te puedas encontrar. Y no será nada agresivo, ni por la vía de la fuerza física, ni venganzas peliculeras de esas. Sacaré todo mi arsenal de habilidades mentales, comunicativas e intelectuales. Que se prepare quien sea para sufrir el escarnio público cuando le ataque con palabras. No serán impulsivas ni de esas fáciles, eso es simple. Será tal punzada por la vía dialéctica que no hará falta pinchar mucho. Directo al corazón. Porque eso sí, iré directamente a la yugular emocional. Pienso en mis venganzas conociendo muy bien a mi adversario. No en vano tengo un sobresaliente en estudiar las conductas psicológicas, y eso que lo hago por diversión. Si además me lo tomo en serio... ¡ya puede tener bien escondidos sus puntos débiles el enemigo porque voy a ir a por ellos!

También para mí la venganza será rápida. Lo primero por mi propia naturaleza impulsiva, pero sobre todo, porque si he decidido vengarme, no quiero que si pasa el tiempo pueda perder las ganas de hacerlo. Que quede claro entonces: si me has hecho algo malo, espera mi respuesta-venganza en breve. Si no llega pronto, es difícil que con el tiempo vaya a cobrarme nada. Pero no imposible.

Otra cosa. Que las víctimas de mis venganzas se preparen para no verlas venir nunca. Es ahí donde aparece otra muestra de mi inteligencia, así como mi carácter dual, gemelar y versátil. Soy capaz de ponerte mi cara de mejor amigo del mundo, y por dentro estar dándole vueltas a una venganza dentro de una olla de las usadas por los caníbales. ¡Te vas a cagar!

También es cierto que pienso más que actúo. Es decir, mi mente puede imaginar mil venganzas, y todas buenas, pero de ahí a que las lleve a cabo no es tan fácil. No voy por la vida de ofendida, ni es fácil ofenderme, claro. ¡Por ahí se salvan muchos de mi venganza!

Pero cuando de verdad sufro por culpa de alguien, planearé y ejecutaré mi venganza sin que nade me quite la idea. Y lo haré sin precipitarme. Y con la edad he ido perfeccionando mi habilidad, recogiendo muchas ideas en mis idas y venidas por todos sitios y con todo tipo de gente. Y las voy archivando en mi memoria, para cuando hagan falta. 

Si eres alguien que me ha hecho algo grave, no te relajes. Te voy a pedir cuentas, más pronto que tarde. Hasta saber que has pagado de alguna manera, no deberías dormir tranquilo. ¡Haberlo pensado antes! Reza porque no lo vea muy grave o porque tenga cosas mejores que hacer (que será lo normal). Igual mi venganza será la de pasar de ti y de lo que me has hecho. ¡No hay mayor desprecio que la falta de aprecio! Toma venganza. 

jueves, 16 de junio de 2016

Las cosas han cambiado, porque me levanto hasta de lo más profundo, me levanto de lo peor.

Todo tiene un tiempo y un por qué en la vida. Y hasta en las mejores familias hay altibajos y principios y finales. Todo final es el principio de otra cosa, y en mi caso, aunque la montaña se haga empinada en muchas ocasiones, siempre han sido comienzos nuevos… Me quedé vacía por momentos, me hicieron quedarme vacía por momentos… Con lo que yo he sido siempre. Pero claro, no estaba ni con el mismo humor de siempre, ni con las mismas ganas, ni con la autoestima tan subida, y atacaron por ahí… Y por desgracia, me hundí, y toqué fondo, y me costó volver a abrir las alas de nuevo porque estaban rotas…

Pero las cosas han cambiado. Porque yo me levanto hasta de lo más profundo, me levanto de lo peor. Lo que en un momento de la vida parecía grato y reconfortante, con el tiempo fue cambiando, las personas que estaban a mi lado, como yo, acaban por cambiar, y a veces también es mejor alejarse, respirar hondo, y decidir si mi vida merece tener a personas cerca así. Tengo que olvidar, olvidar del todo y de verdad. ¿De qué me vale estar tres días fuera, de fiesta, matando los pensamientos que me hacen daño para que llegue el cuarto y volver a hundirme de nuevo? De nada. Tengo que agarrar el toro por los cuernos, tengo que enfrentarme de una vez por todas, asumir lo que fue, lo que es y lo que será de mi vida. Y poner límites. Poner límites de verdad. Tirar todo por la borda está bien siempre y cuando haya decidido que se acabó de verdad. Pero si lo tiro y después soy yo quien se lanza al mar de lleno, llorando y suplicando porque vuelva a estar en mis manos tengo un problema.
Está claro que necesito tiempo para mi, y pensar sin ser impulsiva, reflexionar sobre mi presente, sobre qué o quién quiero que viva a mi lado. No se podrá olvidar todo, porque las cicatrices son fundamentales para seguir creciendo pero, tengo que decidir… Eso sí es importante. Y cuanto antes… Y por favor, sin volver de nuevo atrás…

Mi lado bueno


  • Soy capaz de adaptarme a cualquier situación diferente que me toque vivir con una facilidad pasmosa. O con algo de esfuerzo a veces Sea como sea, lo hago y encima sin perder la sonrisa de los labios. 
  • Cuando se trata de solucionar algo con las palabras adecuadas todos me buscan a mi: para mediar entre dos personas enfrentadas, para vender un producto o un plan, para convencer a una persona sobre algo...
  • Si juego a algo suelo ganar. Aunque ami, para lo que de verdad me sirve mi agilidad mental es para ser el primero en captar un problema para resolverlo rápidamente después. 
  • Cuando se trata de ser ingeniosa puedo tener algún competidor, pero suelo triunfar porque lo combino con mi inteligencia, mi rapidez y hasta mi sentido del humor. 
  • Mi facilidad para conectar con la gente es de las virtudes que destacan en mi. Si quiero amigos, los encuentro; si quiero planes, sé cómo hacer que me inviten a ellos. Y si necesito un hombro sobre el que llorar, no me faltan candidatos. 
  • Pocas personas después de conocerme no reconocen que mi simpatía es de las cosas que a primera vista más les han llamado la atención de mi. Luego, cuando conocen mi sentido del humor, mi optimismo y mi facilidad para las bromas, se reafirman en que soy la alegría de la huerta. 
  • Mis ansias de libertad están siempre presentes. Por eso, algunos compromisos para estar con determinada gente o para ir a algún sitio me producen ese repelús.
  • Ser alguien tan variable de carácter, con tanta facilidad de cambiar y hacer una cosa u otra, me ayuda a hacer muchos trabajos y a trabajar con personas muy diferentes. 
  • Soy tan extrovertida que cuando llego a aun sitio nuevo, ni tengo problemas para relacionarme ni para ayudar a los que se acercan a mi pensando que soy una veterana en el lugar. Y es que parece que he ido más veces al ver lo bien que me relaciono.
  • En muchas reuniones soy el alma de la fiesta por ser tan divertida, por mi sentido del humor, porque hablo de cosas interesantes, porque lo que cuento lo hago con un énfasis y una elocuencia que no aburren a nadie. Todo lo contrario.
  • Al ser tan inquieta mentalmente, nunca me quedo sólo con lo que tengo delante de los ojos. Soy capaz de darle la vuelta a cualquier situación.
  • Mis dotes de convicción son las más valoradas cuando se me ofrece hacer determinados trabajos. No tengo competidor ahí. Puedo hacer lo que quiera.
  • Siempre soy muy amable con la gente, intento no dar una mala contestación ni tener un mal gesto con nadie. Aunque a veces creo que hay personas que no se merecen tanta amabilidad. Y no lo hago.
  • Cuando no puedo ser convincente saco mi otra arma importante: la persuasión. Y ahí si que es verdad que voy a conseguir lo que quiero sí o sí. 
  • Tengo mucha facilidad para ver muchas caras de una misma situación. No en vano, yo misma tengo muchas caras y con cada una de ellas soy capaz de llegar hasta el fondo de muchas situaciones. 
  • Tengo el poder de las palabras. Y usándolas soy feliz. Hablando y disfrutando con ello. Pero al mismo tiempo, no me importa escuchar a los demás. Si además saben usarlas y me enseñan cosas, yo encantada de cederles la palabra. 
  • Ni cuando me enseñan algo, ni cuando me aleccionan sobre algo, ni cuando me enfrento a un asunto nuevo por primera vez es necesario que nadie se tome mucho tiempo en explicarme el tema. Lo capto todo a la primera de forma asombrosa. 
  • Además de que me sé adaptar a cualquier situación, es que mi predisposición es muy buena para hacerlo. No suelo poner peros a casi nada. 
  • No me gusta que me engañen pero es que además cazo rápido a quienes quieran hacerlo.
  • Mi manera de ser líder y mandar es hacerlo con mucha inteligencia, ingenio y...encanto. Que eso también cuenta. Cuenta mucho.
  • Soy una persona coqueta. Y eso no es malo, la verdad. Porque lo controlo perfectamente. Otra cosa sería que fuera como una droga que me domina. Pero es que no es así.

miércoles, 15 de junio de 2016

Yo perderé, pero el que me pierda se llevará la peor parte

Está claro que voy a perder cosas que quiero, pero más claro está que me van a perder a mi también como las cosas no cambien, y eso será aún mucho más jodido para el resto que para mi. Al fin y al cabo, soy yo, y me repondré de cualquier asunto aunque, ¿y los demás? Pero es que llega un momento en el que las cosas no se curan con el tiempo, llega un momento en el que el tiempo me obliga a madurar y a aprender a aceptar todo lo que la vida me pone delante, y ni quiero cambiar a nadie ni me quiero cambiar yo. Ya me he pasado demasiado tiempo esperando que ese "tiempo", por arte de magia, haga que olvide, o al revés, me haga sentir mucho mejor. La cuestión es que no quiero pasar más tiempo así, esperando por si todo se soluciona de una vez y mientras tanto perdiendo segundos, minutos y horas de mi vida. Ya no. No quiero madurar de golpe y cortar cuando ya sea tarde, cuando ya me haya dado cuenta de que la vida se me ha pasado de golpe... Tengo que aceptar que nada cambia, y tocar fondo si quiero, pero cuando regrese a la superficie lo haré con el alma tranquila de verdad, con el espíritu descansado. Me rendiré si hace falta, porque yo ahora no quiero llevar razón ni hacer entender nada a nadie, ahora quiero paz para mi. 


martes, 14 de junio de 2016

PERDÓNAME POR NO ESTAR A LA ALTURA


Días que vienen y días que van, horas que pasan y semanas que se van. Sería muy sencillo y muy cínico decir que así pasa la vida, pues entre esos días que vienen y van, esas horas y esas semanas pasan muchas cosas, y aún así nos empeñamos en encerrarnos en un día a día regido por la rutina, un día a día en el que las obligaciones nos ahogan y nos arrancan el llanto desde lo más hondo de nuestro ser y de nuestra alma. Nos dicen que venimos a este mundo a cumplir un propósito, pero nadie nos explica en qué consiste. Cada uno tenemos que averiguar el nuestro, y en ocasiones nos parece que estamos en lo cierto (por muy duro, doloroso e injusto que nos parezca, por muchas lágrimas que nos arranque). ¿Qué hacer cuando vemos que no somos capaces de cumplir el propósito que hemos venido a cumplir? Nos vamos muriendo lentamente, una garra tenaz y oscura nos va desgarrando el alma zarpazo a zarpazo, y nosotros seguimos empeñados (con más fuerza y empeño si cabe) en cumplir ese objetivo. Queremos suplir la falta de una persona que se ha ido, vivir su vida del modo en que ella lo hubiese hecho, tenemos la sensación de estar viviendo una vida que no nos corresponde, una vida “prestada” y por eso nos obsesionamos con hacer tal o tal cosa de esta manera porque ella lo habría hecho así, nos obsesionamos con la perfección absoluta porque queremos que esa persona esté orgullosa de nosotros. En ocasiones, hacemos promesas a gente que ya no está con nosotros y nos obsesionamos con cumplirlas, las promesas son sagradas, sin importar que esa o esas personas sigan o no con nosotros. Hablamos con ellas (cada uno a nuestra manera) a diario, les pedimos perdón y nos juramos que seguiremos adelante hasta cumplir nuestra palabra; y cada vez que lo hacemos notamos que algo nos arranca un pedacito de nosotros mismos, pero ¿qué hacer cuando has forjado toda tu vida y tu personalidad en torno al hecho de ser quien eres y estar donde estás, todo ello basado en una verdad que, aunque parezca inofensiva, puede llegar a ser tu peor enemiga? Fácil, crisis existencial. Si queréis que os sea sincera, no sé qué es peor. Vives tu vida intentando demostrar que mereces la pena, que has sabido aprovechar las oportunidades que te dieron, que puedes hacer muchas cosas y hacerlas todas rozando la perfección. Pero llega un momento en que todo eso se desmorona. Toda tu existencia y tu personalidad se caen, al mismo tiempo que lo hace tu muro de protección. Decepcionas a la gente a la que desesperadamente pugnas por impresionar, por orgullecer, y eso duele tanto que a veces uno no sabe qué hacer. Se queda catatónico en una esquina tratando de mantener el tipo y de encontrar fuerzas para seguir adelante. Es en esos días cuando levantas la vista al cielo y haces dos preguntas, a cada cual más tétrica: “¿Soy lo suficientemente buena?” “¿Estás orgullosa de mí?” Todo ello seguido de la más dolorosa y sincera de tus disculpas: “Lamento no haber sido capaz de cumplir mi promesa, y lamento no haber sido capaz de cumplir con tus expectativas hacia mi”.

lunes, 13 de junio de 2016

¿CÓMO DEFINIRÍAS LA VIDA?



La vida, ¿qué es la vida? Todos tenemos nuestra propia definición. Para unos consiste en alcanzar sus metas, otros defienden que venimos a este mundo a ayudar a los demás y a dejar un mundo mejor para nuestros descendientes, algunos vienen a lograr sus objetivos sin importar a quién pisen, destruyan y decepcionen por el camino. ¿Son todas válidas? ¿Son todas erróneas? En realidad no depende de mí, ni de ti, ni de nadie. No puedes juzgar el camino que alguien ha seguido sin ponerte en sus zapatos. No puedes decir que alguien tiene una vida idílica sólo porque no demuestre sus problemas. No puedes juzgar si alguien ha conseguido algo porque una persona influyente ha tomado cartas en el asunto… Podría seguir indefinidamente, pero hay una frase que lo resume a la perfección: “no juzgues un libro por su portada”. La vida no es lo que parece, la gente no te muestra su verdadero yo a la primera, ni a la segunda, e incluso en ocasiones te pasas la vida creyendo conocer a alguien y de repente descubres que todo era una mentira, una fachada, una máscara. Es verdad que todos, y digo todos, nos ponemos de vez en cuando nuestra máscara. Algunos para conseguir sus metas, otros para protegerse tras un trago y golpe duro, doloroso e inesperado. Es algo normal, de lo más humano. Nadie quiere que le hagan daño, y cuando se lo hacen, lo único que le queda es protegerse, sacudirse el polvo y seguir adelante. Aunque a uno le tiren, hay que levantarse y seguir, todos los merecemos exprimir la oportunidad de vivir lo que un día dos personas decidieron empezar por todos y cada uno de nosotros.

Si bien todos deseamos vivir una vida pacífica, exitosa y sin sufrimiento, esto es lo que se conoce como utopía. De hecho, las personas más bellas con las que me he encontrado son aquellas que han conocido la derrota, conocido el sufrimiento, conocido la lucha, conocido la pérdida, y han encontrado su forma de salir de las profundidades. Estas personas tienen una apreciación, una sensibilidad y una comprensión de la vida que los llena de compasión, humildad y una profunda inquietud amorosa. La gente bella no surge de la nada.


No obstante, pido como favor personal que no machaquéis a esta gente bella, no os aprovechéis de su bondad. Tienen el alma llena de cicatrices y aún así siguen con el firme propósito de luchar por sus sueños y seguir adelante. No les pongáis trabas, trabajad con ellos para que nuestro mundo sea un mundo mejor.