miércoles, 16 de julio de 2014
He vuelto
Después de varios meses desaparecida en combate por los exámenes finales he vuelto. Os había dicho que estaba trabajando en un proyecto que me hacía mucha ilusión y que me había costado mucho decidirme a hacerlo. Al final he tenido que aparcarlo a medio camino y dejarlo para la próxima ocasión. Los exámenes han vuelto a ser mi prioridad en los últimos meses y ciertamente he acertado al aparcar todos los demás proyectos y actividades que ocupaban mi tiempo. Este año estaba en la cuerda floja, estaba a punto de perder mi oportunidad de convertirme en una futura antropóloga forense y no podía permitir que esa oportunidad se me escapase de entre los dedos. Muchos días sentía la casi imperiosa necesidad de tirar la toalla, pero una nueva fuerza interna y un nuevo nivel de determinación nunca antes alcanzado cobraron fuerza e impidieron que me dejase llevar. Todos los días se aprenden cosas nuevas, y ciertamente yo he aprendido en el último mes que soy mucho más cabezota y luchadora de lo que pensaba. Supongo que nunca había estado en una situación tan límite como en esta ocasión y he tenido que dar lo mejor de mí misma. Han sido unas semanas muy duras y de mucho sacrificio, pero finalmente todo ha salido bien. He conseguido cumplir con todos los objetivos marcados para este curso, aunque he tenido que modificarlos a lo largo del curso. Me imagino que a todos nos pasa de vez en cuando, que empezamos nuevos proyectos o retomamos antiguos retos y nuestros objetivos y expectativas son muchísimo más ambiciosos al principio y que a lo largo del tiempo de nuestra "lucha" se van degradando y dejan paso a la cordura y la lógica. Truncamos en parte nuestro objetivo final de película y lo acomodamos a algo más realista. Muchos creerán que es un signo de debilidad porque estamos renunciando a nuestro primer objetivo, pero lo cierto es que en ocasiones es sensato dar marcha atrás y marcarnos unas metas más realistas que nos ayudarán a priorizar nuestros objetivos y así conseguiremos evitar peores resultados, lo que podría ser muy contraproducente para muchos. Irónicamente he tenido que explicar esto muchas veces en los últimos meses, y, contrariamente a lo que esperaba, no siempre obtenía la respuesta esperada. ¿De verdad hay tanta gente que no lo entiende? ¿Estaré equivocada? Me he pasado las últimas semanas pensando en ello y creo que no me equivoco, al menos no me equivoco completamente. Yo creo que en ocasiones intentamos ser perfectos y se nos olvida que la belleza no está en la perfección y que la perfección no consiste en hacerlo todo bien a la primera. De hecho, la perfección en sí misma no existe, sino que es el resultado de fallar muchas veces, de cometer muchos errores para encontrar nuestro camino en la vida. Lo cierto es que en este loco y caótico mundo en el que vivimos actualmente se nos impulsa a obsesionarnos con la perfección absoluta en todos los sentidos, con saltarnos pasos y hacer las cosas directamente sin cometer errores, con acortar los caminos para lograr nuestros objetivos y resulta que en esos atajos perdemos lo más importante de la vida, que es luchar por conseguir nuestros objetivos. El éxito no se trata de conseguir muchas cosas en el menor tiempo posible, sino de luchar contra todas las barreras que nos encontramos por el camino, de dar pequeños rodeos que nos permitirán conocer a otras personas que de otro modo se habrían quedado por el camino, de ver distintas posibilidades a lo largo de nuestra "caminata" que nos servirán para aumentar nuestros conocimientos (tal vez no sea en el sentido que nosotros esperamos, pero siempre nos ayudarán) y nuestras miras. Una vida sin errores se podría decir que es una vida vacía porque nos estamos perdiendo tantas cosas, tantas personas, experiencias, pequeñas decepciones que se convertirán en grandes logros (mucho más valiosos) cuando logremos hacerlos realidad. ¿Cómo podemos decir que sabemos lo que es la vida si no luchamos por nuestros sueños? La vida es bella, pero nadie dijo que la vida es fácil. Vivimos en un mundo en el que la velocidad, la rapidez y la perfección nos rodean. Esa velocidad y esa rapidez nos impiden disfrutar de la vida, la verdadera vida. Nos olvidamos de disfrutar de las pequeñas cosas de la vida y nos obsesionamos con ser mejores que los demás, y lo más probable es que en ese camino por conseguir ser los mejores perdamos nuestra humanidad. Nos olvidamos de que lo importante es aprender de los demás, así como de nuestros propios errores, de que las personas somos empáticas y que esa empatía nos impulsa a ayudar a los demás. Lo cierto es que nadie es perfecto y que en algún momento de nuestras vidas todos y cada uno de nosotros necesitamos ayuda de otras personas. Los que tenemos suerte podemos pedir ayuda a nuestras familias, con la certeza de que harán todo lo posible por solucionar nuestro problema de la mejor manera posible, pero en ocasiones la familia no puede ayudarnos, no porque no quiera o no sepa, sino porque simplemente no puede. No se trata de algo que pueda solucionar nuestra familia, y ahí es donde entran los amigos, e incluso gente ajena que no conocemos de nada, cuando la humanidad aparece y cobra forma. La vida trata de eso, de ayudar a quien nos pide ayuda, de pedir ayuda cuando la necesitamos y, sobre todo, de ser los suficientemente razonables como para saber que una de nuestras cualidades como personas, entre otras, es precisamente la capacidad de ayudarnos unos a otros y de sentir lo que otras personas sienten, de ponernos en el lugar de otros y sentir esa angustia, nerviosismo, alegría, euforia, ect. y es precisamente esta capacidad la que nos hace más humanos. ¿Cómo podemos decir que somos personas, que somos humanos si despreciamos esa capacidad especial que tenemos? Es como pedir peras al olmo. En ningún momento podemos olvidar que una de nuestras necesidades y capacidades prioritarias es ayudar a quienes lo necesitan. Os preguntaréis a qué viene todo esto. Veréis, como decía antes, yo he conseguido superar mis objetivos, pero una de mis mejores amigas no lo ha conseguido. No sé si tiró la toalla antes de tiempo y yo no lo supe ver, o que simplemente se dedicó a pretender estar bien y no pedir ayuda por orgullo, vergüenza o sólo porque no quiso distraerme y sacarme de mi camino. En cierto modo me siento culpable, no supe ver que necesitaba ayuda y que quizá sólo alguien que estaba pasando por la misma situación podía enterderla. Ambas estábamos en la cuerda floja y yo intenté hacerlo lo mejor posible. Esto os lo cuento porque a veces somos un poco insensibles o estamos algo sordos de cara a peticiones de ayuda silenciosas. Ante estas situaciones lo mejor es que quien necesite ayuda la pida claramente y en voz alta, y que quien está cerca y puede llegar a comprender a situación amplíe su visión y no dé por supuesto que quien necesita ayuda la va a pedir de la forma esperada. A veces una mirada, un comentario o simplemente mirarse a la cara y leerse el alma debería ser suficiente. Para generaciones en que la tecnología atrofia las habilidades sociales que tan necesarias son para una vida plena y una comunicación 100% efectiva estas señales se van perdiendo, incluso en relaciones amorosas o de profunda amistad. Es una pena que algo tan "simple" como la tecnología nos robe nuestra más preciada cualidad: la empatía. Todos, y digo todos, nos perdemos tantas cosas de la vida porque estamos pegados al móvil, la tablet, las redes sociales...¿Cómo nos vamos a ayudar unos a otros si no estamos pendientes de lo que de verdad importa? Es imposible que prestemos atención a todos los pequeños matices que hacen que la vida merezca la pena si nos pasamos el día pegados a una pantalla, obsesionados con complacer a gente que ni siquiera conocemos o que conocemos superficialmente. La absurda moda de los "selfies" es uno de los últimos inventos que nos distraen. Nos sacamos fotos y las colgamos en internet en un vano esfuerzo por encontrar la complicidad con personas sin tratar con ellas cara a cara. Es una de las actividades e ideas más absurdas que he oído en mi vida. Contamos nuestra vida diaria en una plataforma electrónica sólo porque queremos empatizar y conectar con personas que podríamos ver a diario, porque buscamos su aprobación de manera que nos haga sentir mejor pero lo cierto es que en muchas ocasiones mentimos abiertamente para ganarnos es aprobación cuando en realidad ya la tenemos, y podríamos verlo sólo con mantener una conversación cara a cara, con compartir un momento de compañía en que esa complicidad quedaría demostrada con un intercambio de miradas o una frase, una complicidad que no se basa en una serie de transmisiones electrónicas carentes de sentido. No digo que yo sea perfecta y que todo esto que os estoy contando no me afecte, yo también estoy enganchada a la tontería de los "selfies", aunque intento mantenerla a raya. Lo cierto es que intento mantener a raya mi uso de las nuevas tecnologías, de utilizarla sólo cuando es estrictamente necesario, aunque no siempre lo consigo. Intento mantener mis relaciones sociales en ambientes agradables y tranquilos para poder mantener una conversación agradable en la que compartir sueños, ilusiones, ambiciones pero también miedos, temores e inseguridades. Me aterra que los niños nacidos en este siglo sepan usar antes una tablet que unos lápices de colores, que se entretengan con videojuegos antes de aprender a saltar a la comba, pero también me da mucha pena que se pierdan los placeres de la vida como arrancar margaritas de un prado en primavera, disfrutar de las caricia del sol o de sentir la lluvia en la cara...en resumen, de disfrutar de pequeños placeres de la vida al quedar enmascarados por la atractiva influencia de la tecnología frente a la vida natural. ¿De verdad vais a permitir que algo así nos impida disfrutar de la vida? Dejad la pantalla del ordenador, olvidaos del correo electrónico, desconectad el móvil y disfrutad de la naturaleza. Con cariño os recomiendo que abráis los ojos al mundo que os rodea y os aseguro que os sorprenderá. Disfrutad del día. Hasta pronto pequeña familia :)
viernes, 28 de febrero de 2014
Pequeño parón de publicaciones
Por un proyecto que tengo entre manos voy a tener
que hacer un pequeño parón en las publicaciones en el blog. Es algo que me hace
muchísima ilusión y que me gustaría poder contaros, pero me temo que de momento
no será posible. Es algo con lo que he soñado muchísimas veces. Debo confesaros
que me impone mucho, y que me ha costado mucho encontrar el valor suficiente
para emprenderlo. Como ya os he dicho muchas veces, en numerosas ocasiones
nuestros mayores anhelos y sueños nos suelen paralizar, y yo no soy diferente;
me ha pasado y llevo una semana dándole vueltas al asunto hasta que he
conseguido reunir valor suficiente (con ayuda, todo hay que decirlo) para
ponerme en marcha. A todos los que tengáis la oportunidad de cumplir vuestros
sueños, ánimo; y recordad, el que no arriesga no gana. Hasta pronto
miércoles, 26 de febrero de 2014
Así era ella
Ella era pesimista, porque
le daba miedo pensar que las cosas que ella hacía estaban bien. Ella era una
mujer de negro, con una expresión cambiante ¿A que se debían sus expresiones?
Aún no lo sé, tenía buenas ideas, ideas dignas de un genio, pero pocas palabras,
¿De que servían sus ideas si casi nadie tenía el placer de escucharlas? Tenia hobbies
como toda persona normal, pero ella no era normal, su hobby era escribir , pero
ella no lo sabía , era como si después de escribir algo brillante se olvidase y
siguiese con su vida normal. Cuando iba a empezar a escribir , siempre decía -
" será la primera vez que escribiré , probablemente sea un desastre"
y al finalizar su texto, lo leía y con asombro me miraba con sus pupilas
desorbitadas y exclamaba -" “¡Vaya! ha sido mejor de lo que esperaba,
definitivamente tengo un talento innato" y finalizaba esta frase casi
diaria con los ojos llenos de alegría y con una sonrisa que demostraba su
orgullo, lástima que ese "talento innato" no haya sido así, ya que este
pasatiempo lo tenía ya desde hacía bastante tiempo y, si bien desde un
principio tuvo esa habilidad de escribir , se fue desarrollando con los años.
Era muy expresiva, sus gestos demostraban definitivamente todo lo que sentía,
pero el sentimiento que más afloraba en su rostro era el amor; cuando ella se
enamoraba sus ojos se tornaban de color café a gris y su sonrisa era
delatadora, su corazón palpitaba rápido y esto se reflejaba en su forma tan
apresurada de hablar, en definitiva era más bella. Fui la persona con más
suerte del mundo, pues ella vivió enamorada de mi toda la vida y mantuvo sus
ojos grises hasta que yació en su lecho de muerte; ese día ni la muerte le
arrebato su belleza. Ella se enojaba con facilidad, pero aun así era preciosa.
Siempre pensé que se arrepentía de estar conmigo, aunque en el fondo sabía que
no era así, definitivamente yo no era su persona preferida pero al menos me
amaba con odio y eso bastaba para mí.
martes, 25 de febrero de 2014
Lucha por la educación pública y de calidad
Hoy a las 13:00 nos reunimos en el Aula A de la Facultad de Biología de Oviedo para hacer el trabajo que corresponde a otros, para buscar alternativas y soluciones para evitar el cierre masivo de bibliotecas universitarias por los recortes en educación, una educación que presume de ser pública que está agonizando lentamente, que le queda de pública lo mismo que a la sanidad; una educación que debería ser universal, a la que todos deberían tener el derecho de poder acceder; una educación que nos permite tomar nuestras propias decisiones, tener nuestras propias opiniones y lo que es más importante, nos permite ser libres. Una libertad que cada día parece estar más coartada en un país donde la censura vuelve a asomar la cabeza. No podemos permitir que un equipo de personas que no piensan más que en sus propios intereses y, lo más vergonzoso, en su propio bolsillo, nos arrebate la libertad, nuestro derecho universal a dar nuestra opinión y a exigir lo que nos corresponden por derecho. A todos aquellos que compartan la misma opinión que yo les invito a que se acerquen hoy hasta aquí, y les animo a que no se dejen engatusar y engañar por un montón de palabrería vacía y demagógica que nos impulsa a un mundo gobernado por un elenco de personas que, a pesar de tener un trabajo social, se dedican a llenar sus bolsillos y a ignorar al resto del mundo con tal de conseguir sus propios medios, un grupo de personas que se rigen por el principio de que el fin justifica los medios. Que no te quiten tus derechos, y lo que es más importante, que no te quiten tu libertad.
Un poema,un amor
Lejos de ser un
escritor te arrimo estas palabras,
Mi amor es puro y
franco y no sé cómo expresarlo,
Así que aquí digo lo
que normalmente no te digo,
Sacándome el disfraz
de cordura que llevo puesto.
Te amo, un infinito
manantial de ternura esta contenido dentro de mí,
Un inmenso océano de
felicidad y pasión galopándome en las sienes,
Necesito un gesto,
una mirada de tu parte para poder abrir las compuertas,
Y derramar sobre
ambos la dicha de estar vivos.
Espero algún día
tener el coraje de enviarte mi poema,
Y detrás de toda
letra el caudal de mi amor.
Triste espera es la
mía, y solitaria además,
Mientras aguardo
alguna señal de tu amor hacia el mío.
(Poema de Maximiliano Oscar Perez)
lunes, 24 de febrero de 2014
Exámenes: ¿presentarse o no presentarse?, ésa es la cuestión
"Cuantos nervios y cuanto estrés, pero hay que dar un último empujón que ya queda poco". ¿Alquien está familiarizado? ¿Estudiantes? ¿Opositores? Yo soy un ejemplo claro de esta situación. Este viernes tengo el primero de tres exámenes que me trae por la calle de la amargura. ¿Es sólo sensación mía o a medida que se acerca un examen complicado nuestro cerebro nos juega malas pasadas y nos hace creer que sabemos mucho menos de lo que en realidad sabemos? Creo que en esos días (hoy es uno de ellos) comprendo por qué decía Diógenes eso de que "cuanto más sé, más grande veo mi ignorancia". Hoy quiero dedicar mi post a todos esos estudiantes que sufren este mismo problema. Desde mi experiencia personal, los nervios pueden jugar muy malas pasadas, pueden hacer que nos quedemos en blanco en un examen, que nos entren ganas de vomitar, nos suba o baje la tensión...en fin, mil faenas que nos impiden demostrar todo el trabajo que hemos hecho en las últimas semanas, meses...No sé vosotros, pero yo en más de una ocasión he dejado de ir a un examen por culpa de esos nervios previos. En primer lugar quiero deciros que no presentarse a un examen, a menos que no corra convocatoria, es la mayor tontería del mundo. Hay que pararse a pensar un momento. A ver, ¿habéis ido a clase? ¿Habéis hecho todos los trabajos que se os han pedido? ¿Habéis pasado apuntes a limpio? ¿Habéis leído o estudiado la materia? En caso afirmativo quiero que me contesteis objetivamente una pregunta: ¿no os parece que algo (aunque sea una tercera parte de la materia) habréis retenido? ¿Por qué no intentarlo? El cero ya lo teneis asegurado; ¿qué hay de malo en presentarse? A partir de ese cero de partida. todo lo que sume ya es un pequeño logro que nos acerca más al aprobado. No quiero ser dura con vosotros, especialmente porque a mí me cuesta mucho aplicarme el cuento, pero yo tengo la suerte de tener a gente a mi alrededor que se encarga de ponerme las pilas cuando los nervios deciden hacer de las suyas. Si esto no os convence del todo, pensad que aunque esto cueste y sea un engorro no será para siempre...estamos haciendo un esfuerzo muy grande para conseguir un fin, y ese fin puede ser el mejor aliado en esos días en que no estamos en lo que estamos, nos cuesta ponernos a estudiar y sentimos la tentación de dejar que la pereza se adueñe de nosotros. Ya para acabar, utilizaré una frase de Maquiavelo fuera de su contexto original y que para este caso en particular nos viene como anillo al dedo: "el fin justifica los medios", así que dejad que ese fin, ese sueño que teneis os guíe y os dirija en los días malos.
domingo, 23 de febrero de 2014
CORAZÓN REBELDE
De repente despierto, sin saber qué
pasa, sin saber por qué la soledad me persigue y por que la pena está presente
en vez de la felicidad y es cuando me doy cuenta de que he soñado con el
fantasma del pasado, que me he alejado del presente y de la realidad por un
instante. Cuando todo parecía marchar bien, cuando los dolores parecían
olvidados, es cuando sale lo que no salió en su momento, el dolor más inmenso,
acumulado ya desde hace varios meses, ha salido para destrozar mi presente. Aparentaba
estar bien, fingía que nada sucedió, prefería no hablar del tema, porque sabía
que me haría daño, pero he vuelto a escuchar aquellas canciones, que me han
transportado y que me hicieron revivir los momentos destrozándome por dentro , acabando con todas las piezas en que tú
dejaste fragmentada mi alma. Me di cuenta de que el corazón aún no puede
superar nuestro amor desbocado y alocado, y que no está dispuesto a borrarte de
mi corazón. Me cuesta pronunciar tu nombre, sólo escucharlo me abre heridas que
están cicatrizando, y prefiero dejar que el tiempo cure todo y no hacer algo
que impida esto. Al igual que mi corazón, mi cabeza lucha, se niega a aceptar
que todo se acabó; están en una especie de batalla encarnizada esperando que
cambien las cosas. Parece que se acostumbraron a vivir con la idea de tenerte a
mi lado y no pueden creer que ya no sea así. Al principio mi mente y mi corazón
me desbordaban en una lucha encarnizada en la que ambos querían ganar, ambos
querían tener razón. Llegue a pensar que no lo soportaría, que en cualquier
momento mi corazón se negaría a seguir latiendo y que mi mente entendería su
decisión; simplemente no podía vivir, ni dormir, ni comer, sin pensar en la persona
que me hizo daño y sin preguntarme todos los días qué había pasado, cómo cambió
todo y aunque siempre llegaba a la misma respuesta, parece que no se
contentaban con aquella contestación de siempre. Por eso, día tras día fue lo
mismo, tortura por la noche y tortura por el día. Sin embargo, aun tengo la
pequeña esperanza de que aún pienses en mí, probablemente por el mero hecho de
que yo no paro de pensar en ti. Nunca esperé enamorarme de ti, disfruté cada
caricia tuya al máximo, pero no fue suficiente. Tal vez esperaba más de lo que
tú lo hacías y por eso decidí despedirme para siempre y olvidarme de la idea
absurda de tenerte de nuevo, porque sé que es muy ficticio y que simplemente no
me mereces. Con mucha pena, digo no a todo lo que me ofrezca tu pensamiento y
creo que tratar de convencer a las partes más tercas de mi cuerpo será
infinitamente más difícil que olvidarte, espero tener éxito y dentro de lo
posible olvidarte y que, sin darme cuenta, aparezca otra persona que ocupe tu
lugar.
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