domingo, 24 de diciembre de 2017
viernes, 10 de noviembre de 2017
Be the sun
Don't let what he wants eclipse what you need. He's very dreamy, but he's not the sun. You are
sábado, 17 de junio de 2017
Ojalá te hubiese conocido...
Sabes que te quiero y siempre te querré. Ojalá te hubiese conocido...
Hoy he recurrido a tu foto. He
visto tu cara, y cómo tus ojos reflejaban los sueños que tenías en mente,
sueños que te habrían llevado a la cima del mundo. Nunca me había fijado con
atención, pero al ver tu cara he visto la mía. Tus cejas, mis cejas; tus ojos,
mis ojos; tu pelo, mi pelo. Lo que no he visto han sido tus sueños en mis ojos,
y eso me ha hecho reflexionar. Tú sabías perfectamente qué querías hacer, y yo
también. Resulta irónico que ninguna de las dos hayamos sido capaces de cumplir
nuestros sueños. A ti te los arrebataron, junto con tu vida, demasiado pronto.
En mi caso la culpa fue mía. El caso es que aunque no pude cumplir mis sueños,
vi que tal vez podría cumplir los tuyos. En ese momento me pareció una señal, y
como náufrago desesperado me aferré a esa posibilidad. Sabes que no estaba
pasando por un buen momento, y supongo que me agarré a un clavo ardiendo.
Durante los últimos 8 años me aferré a ese clavo ardiendo sin pensar que si lo
soltaba dejaría de doler, sólo por tratar de haceros felices a todos. No sabía
qué otra cosa hacer.
Hoy he recurrido a tu foto sin
saber muy bien qué buscaba. Llevaba tiempo pensando que tener tu foto en mi
mesa me ayudaría, me inspiraría y conseguiría mitigar un poco el malestar y la
angustia que todo esto me produce, pero en seguida supe que no podía hacerlo.
Tu marcha marcó a todos y cada uno de los miembros de tu familia, incluso a los
que no tuvimos ni el honor ni la suerte de conocerte. Sé la cicatriz que tu
partida dejó en el alma de mi padre, y precisamente por eso no puedo poner tu
foto en mi mesa; ambas sabemos que le dolería demasiado volver a verte.
Sé que has estado a mi lado estos
largos años en el duro camino, y que si no es por ti, habría tirado la toalla
hace mucho tiempo. Me ayudaste a tu manera en los momentos en los que más falta
me hacías, y sé que lo seguirás haciendo. Por eso me duele tanto tener que
decirte esto: creo que no lo conseguiré. Me desgarra el alma tener que admitir
que no soy lo suficientemente buena, que nunca llegaré a cumplir nuestros
sueños, tus sueños. Parecía que después de lo mal que lo había pasado el curso
anterior éste sería pan comido, pero no podía estar más equivocada. No me tomé
el tiempo suficiente para reponer fuerzas, y a la larga me ha pasado factura.
Lo más irónico de todo esto es que no me duele fracasar, lo que me duele es
fallarte a ti y a toda nuestra familia. No hay nada peor que esto.
Hoy he recurrido a tu foto tal
vez en busca de inspiración, esperando tal vez que pudieses ayudarme como has
hecho desde que nací, y no puedo evitar pensar que soy una egoísta. Nunca he
hecho nada por ti y no paro de pedirte ayuda. Esperaba poder terminar esta
carrera y seguir los pasos que tú tanto deseabas dar, compensar toda tu ayuda
siguiendo el camino que tú me habías dejado marcado.
Hoy he recurrido a tu foto en
busca de redención, sabiendo que es muy posible que mi viaje se termine este
año sin haber conseguido cumplir tus sueños, sin haber superado mis objetivos.
En cuanto he visto tu cara, serena y sonriente, no he podido reprimir las
lágrimas, sintiendo que sólo tú podrías haber superado la meta a la que yo me
estoy enfrentando. Me he visto reflejada en ti, y también he visto que ese
reflejo no era tan perfecto y especular como creía. He visto cuantísimo nos
parecemos, pero, por primera vez, he visto las diferencias que nos hacen
individuales.
Hoy he recurrido a tu foto en
busca del consuelo que desde hace tiempo necesito. Ambas sabemos que lo
necesito, y ambas sabemos que nunca lo tendré porque no sé cómo pedirlo. Un
consuelo que mitigue el llanto de mi alma y el dolor de la decepción que soy
para todos.
Hoy he recurrido a tu foto en
busca de la calidez de tus ojos, calidez capaz de deshacer la gruesa capa de
hielo que ha encerrado a mi alma y mi corazón. Ojalá pudieras abrazarme y
ayudarme a deshacerme de la frialdad con la que el fracaso ha envuelto mi
cuerpo.
Hoy he recurrido a tu foto y me
ha dado tantas cosas…pero no me ha dado lo que en el fondo de mi alma sabía que
quería: una segunda oportunidad para las dos. Una oportunidad para que tú
pudieras cumplir tus sueños. Una oportunidad para mí de no tener que vivir a tu
sombra, intentando reemplazarte y hacer que te sientas orgullosa de mí. Una oportunidad
para nuestra familia de vivir una vida con menos dolor. Una oportunidad para ti
de formar tu familia. Una oportunidad para mí de haberte conocido. Una
oportunidad para nuestra familia de haberte visto triunfar. Una oportunidad
para el mundo de haber sido mejor con tu presencia en él.
Hoy he recurrido a tu foto y me
ha dado la serenidad, paz y tranquilidad espiritual que tanto necesitaba. Me ha
hecho comprender que pase lo que pase estarás orgullosa de mí, y que siempre
estarás a mi lado. Sólo espero poder cumplir tus sueños y lograr mis metas.
Sabes que te quiero y siempre te
querré. Ojalá te hubiese conocido…
viernes, 16 de junio de 2017
TU SOLO VIVE
Somos lo que decidimos. Tomamos nuestras propias decisiones y, en base y en torno a ellas forjamos nuestra personalidad. No siempre acertamos, y son precisamente esos fallos los que nos hacen crecer, madurar y aprender. Nos equivocamos, pasamos unos días lamiéndonos las heridas, nos levantamos, juramos que no volveremos a tropezar en la misma piedra y seguimos adelante. El problema es que siempre hay una piedra, y, por desgracia, suele ser la misma en la que hemos tropezado toda la vida. En ocasiones está colocada de manera que es imposible que no tropieces, pero en la mayoría de los casos está apartada del camino, relegada a un mínimo arcén, probablemente oculta...y aún así, nos empeñamos en buscarla para poder tropezar con ella.
No deja de resultar irónico que caigamos siempre en el mismo error, pero supongo que en nuestro subconsciente, esa piedra o ese error son “zonas de comfort”. Sí, lo sé, parece contraintuitivo...de ahí que sea irónico. Sabemos que, como personas, nos equivocaremos desde que nacemos hasta que morimos, desde el mismo momento en el que empezamos a tomar decisiones hasta que se nos acaba nuestro tiempo. Cometer errores es nuestra forma de aprender, y aprendemos constantemente. Sin embargo, tratamos de protegernos de mil y una maneras, desde encerrar nuestro corazón después de una ruptura amorosa hasta repetir conductas del pasado que no han sido satisfactorias.
Ahora bien, ¿por qué nos salimos del camino para tropezar con la misma piedra? Pues por la sencilla razón de que para nosotros esa piedra no deja de ser una vieja amiga. Sabemos las consecuencias que acarrea tropezar con ella, y en mayor o menor medida, ya sabemos cómo hacer frente al dolor y sufrimiento que esa piedra nos provoca. Quizás sea más fácil repetir el mismo error que enfrentarse a nuevas situaciones. Cometer nuevos errores, además del miedo al propio error, nos provoca la angustia y ansiedad de no saber cómo enfrentarnos a él. Nos estancamos, repetimos patrones de conducta y comportamiento en un mero, ilusorio y vano intento de protegernos de lo desconocido, del miedo al rechazo, del miedo al fracaso, del miedo...del miedo al miedo.
Entonces, ¿es justo decir que cometemos errores toda la vida? ¿Y es justo decir que aprendemos de nuestros errores toda la vida? ¿Cómo podemos aprender si no dejamos de caer en el mismo error, la misma trampa; no dejamos de buscar a nuestra vieja amiga piedra para tropezar con ella? Lo cierto es que el tiempo puede parecer un cruel enemigo que avanza inexorable sin darnos un respiro, pero en realidad es nuestro mejor aliado, nuestro mejor amigo, incluso mejor que nuestra vieja amiga piedra. El tiempo va poniendo todo en su sitio, nos va dando experiencia, herramientas con las que enfrentarnos a las dificultades, herramientas con las que hacer frente a nuestra engañosa amiga piedra, calma y sosiego necesarios para volver a encontrarnos a nosotros mismos después de un mal trago, paz interior para hacer las paces con nosotros mismos después de caer por enésima vez en la misma trampa, frialdad y capacidad de análisis para estudiar objetivamente los pasos que hemos seguido hasta nuestro desliz, y sobre todo nos aporta esa serenidad espiritual con la que hacer frente a nuestros propios pensamientos autodestructivos. El tiempo nos da perspectiva para poder relativizar la importancia de las cosas en la vida. Y sobre todo, nos da las suficientes lágrimas para hacer frente a todas esas situaciones que desearíamos no tener que sobrellevar.
La vida puede parecer una mierda, e incluso puede ser una mierda en muchas ocasiones. Sin embargo, no significa que la vida no merezca ser vivida, ser aprovechada. La vida no deja de ser un conjunto de situaciones al que hay que hacer frente con una sonrisa en los labios, con serenidad y paz espiritual y con la conciencia tranquila.
La vida es un regalo, aprovéchalo, saca lo mejor de ella, equivócate sin mortificarte por ello, ayuda a quienes lo necesiten y sé feliz. La vida es eso. Suéltate el pelo y deja que el viento te azote la cara, canta bajo la lluvia, acuéstate cuando amanece, acórtate la falda, ríete del dolor y llora de alegría. Es fácil, lo único que tienes que hacer es VIVIR
miércoles, 14 de junio de 2017
Corre, nena, corre
El sistema suprarrenal reacciona al estrés liberando hormonas que nos hacen estar alerta y reactivos. El problema es que el sistema suprarrenal no puede diferenciar entre un caso normal de nervios y un inminente desastre.
El cuerpo no sabe la diferencia entre nervios y emoción, pánico y duda, el principio y el final. El cuerpo te dice que lo mandes todo al carajo. A veces lo ignoras, eso es lo más razonable. Pero otras, escuchas. Se supone que tienes que confiar en tus entrañas ¿no? Cuando tu cuerpo te dice corre… corre.
Contigo o sin ti
Hay una cosa que solía hacerle, cuando era pequeña, a la videograbadora de mi madre. La desmontaba pieza por pieza y luego la volvía a armar otra vez. Pero inevitablemente, siempre había una o dos piezas que sobraban. Algo con lo que no sabía bien qué hacer. Así que, ¿qué haces con esa pieza? ¿Intentas volverla a encajar? ¿Intentas hacer que funcione? ¿O decides que puedes vivir sin esa pieza que falta?
Cuando estamos sin ciertas cosas el tiempo suficiente, es fácil olvidar cuánto las necesitamos. Olvidamos que las tuvimos una vez, olvidamos qué es vivir sin una cosa que no necesitamos, sino que queremos. Por eso es tan importante recordar, por eso es tan importante que recordemos: Que podamos vivir sin algo, no significa que tengamos que hacerlo.
Mirando al fin
No me gustan las preguntas sin ninguna respuesta, como: ¿Dónde vamos cuando morimos? Quiero decir, sé lo que sucede fisiológicamente hablando, pero más allá de eso, ¿qué pasa realmente? Eso es lo que empiezas a preguntarte cuando vives a contrarreloj. Todas esas preguntas sin respuesta me vuelven loca. Por eso me gusta curar bebés, traer al mundo bebés; no hay ambigüedad ahí, no hay preguntas, solo respuestas… claras, precisas y evidentes. Y vida, una vida preciosa y nueva. Esperanza para el futuro. Dios, echo de menos eso.
Nunca valoré mucho preguntarme por la vida después de la muerte. Mi preocupación siempre fue la vida ¿Qué haría con ella? ¿Cuál sería mi marca? Quería abrir nuevos caminos, quería dejar un legado. Quería que mi vida, mi cerebro, mi existencia, significaran algo. Sin embargo, lo que nunca pensé, a lo que nunca le di vueltas en mi cabeza hasta ahora, es que, para hacer eso, para ser recordada, para dejar algo importante detrás… tienes que irte.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)